El cielo sobre el Reino del Sur no se oscureció por las nubes, sino por la magnitud de la magia que Elara estaba filtrando. Desde lo alto de la torre, ella era un faro de luz blanca que luchaba por no ser devorada por los hilos de brea negra que la conectaban con Alistair. Cada latido de su corazón era una agonía, pero también una promesa.
Alistair, libre de la bruma mental de la maldición, se impulsó desde la muralla hacia Valeria. El aire silbaba a su alrededor. La Inquisidora levantó su bácu