Diez años después de abrir la primera sede de “El Resplandor del Amanecer”, el proyecto había cruzado océanos, llegando a Kenia y Sudáfrica, donde nuevos centros ofrecían formación y apoyo a jóvenes en zonas vulnerables. Sofía diseñaba cada espacio con cuidado, integrando huertos comunitarios, talleres de artesanía y salones llenos de luz, adaptados a las culturas locales. Alejandro y yo viajábamos con frecuencia, acompañando el crecimiento del legado que habíamos sembrado juntos.
Un día, mient