ELENA
Me desperté antes de que saliera el sol, con el corazón todavía martilleando contra mis costillas. Al cerrar los ojos, aún podía sentir la presión de los labios de Alistair contra los míos y la forma en que sus manos me habían reclamado en la oscuridad de su despacho. Había sido un error. Un error delicioso, devastador y absolutamente prohibido.
Me vestí mecánicamente con mi uniforme de "niñera responsable": vaqueros oscuros y una blusa cerrada. Necesitaba recuperar la barrera que yo mi