El humo negro del sótano se desvanecía lentamente, y las cartas negras en las manos de Malachar mostraban ahora imágenes de calles retorcidas, mentiras escritas en piedra y almas engañadas que vagaban sin rumbo. Kael sentía su alma más firme después de superar la violencia, pero el vacío de la pieza perdida seguía ahí, un recordatorio silencioso del precio de su búsqueda. Lyra seguía siendo su guía, su razón de enfrentar cada círculo en este juego infernal.
—La undécima mano nos llevará al sext