El humo negro del sótano se había espesado nuevamente, y las cartas negras en las manos de Malachar pulsaban con una luz roja tenue, como sangre. Kael sentía su alma fortalecida por los círculos superados, pero el vacío de la pieza perdida seguía latiendo en su pecho, un recordatorio constante del precio de su búsqueda. Lyra seguía siendo su faro, su razón de enfrentar cada desafío en este juego infernal.
—La décima mano nos llevará al quinto círculo —anunció Malachar, sus ojos ámbar reflejando