Las primeras luces del alba iluminaron la mansión Cruz, donde Lila acababa de terminar de preparar la nueva pasta de flor del abismo para Elián. Los días anteriores habían sido intensos: con Valeria y Diego bajo arresto, y Alejandro libre pero vigilado, ella creía que la peligro había disminuido. Pero el susurro persistía, y su instinto le decía que algo estaba a punto de ocurrir.
Elián llegó al laboratorio apoyándose en sus bastones, con una sonrisa en los labios. —Hoy siento más fuerza —dijo,