Después del enfrentamiento en la sierra, Lila y Elián regresaron a la mansión Cruz con la flor del abismo guardada en un frasco de cristal, protegida del sol y el frío. La luz del atardecer se filtraba por las ventanas de cristal del salón, donde Enrique esperaba con los brazos cruzados, su mirada severa como siempre. —Bien —dijo, acercándose a mirar la flor—. No veo nada especial. Pero cumpliré mi palabra: tienes una semana.
Lila llevó la flor al laboratorio pequeño que Elián le había preparad