El silencio que siguió a las palabras de Sofía fue más ensordecedor que cualquier grito. La fotografía, esa pequeña prueba física de una traición involuntaria, parecía quemar los dedos de la hermana mayor. Sofía miraba el papel y luego a Adrián, buscando una negación que no llegaba.
—¿Adrián? —la voz de Sofía se quebró—. Di algo. Di que esa foto no es lo que parece. Di que no eres el hombre que dejó a mi hermana embarazada y luego desapareció.
Adrián permaneció inmóvil, con la mandíbula tensa.