La mudanza a la mansión de Adrián fue un desfile de cajas y secretos. Elena se sentía como una intrusa en un palacio de cristal. Sofía, rebosante de alegría, corría de un lado a otro organizando las habitaciones.
—¡Es perfecto, Elen! —decía Sofía mientras acomodaba los juguetes de Mía en el cuarto contiguo al de Elena—. Así estaremos juntas antes de que me case. Adrián es tan generoso por insistir en que vinieran. Él dice que "la familia debe estar unida".
Elena forzó una sonrisa, sintiendo el