Marcus Thorne entró en el vestíbulo del edificio con la elegancia de un tiburón en traje de sastre. Llevaba una tableta digital lista para anotar cualquier error y una sonrisa que a Julian siempre le había dado ganas de romper su política de no violencia.
—Vance —dijo Thorne, con voz meliflua—. He oído que has decidido llenar tu preciosa jaula de cristal con... ¿pasto? Espero que no sea un grito de auxilio.
Julian apretó la mandíbula con tanta fuerza que le dolió el oído, pero antes de que pudi