Veinte años después de aquel día en el río Llobregat, donde el agua helada me arrastró hacia el abismo pero terminó de liberarme, el sol se alzaba sobre la Patagonia con una fuerza que parecía bendecir todo lo creado. Teñió el glaciar Perito Moreno de tonos rosa y oro que se mezclaban con su azul translúcido, haciendo que sus paredes gigantescas brillaran como una joya tallada por el tiempo. Alejandro y yo estábamos en la cima de una colina cerca de “El Último Amanecer”, acompañados de todos qu