La luz del sótano, ahora cálida y clara, reemplazó completamente el humo negro que había dominado durante tanto tiempo. Las cartas negras en las manos de Malachar brillaban con un resplandor blanco, sus imágenes de demonios y abismos transformadas en flores y caminos iluminados. Kael sostenía la mano de Lyra, su corazón lleno de alegría y alivio, aunque el vacío de la pieza de alma perdida seguía presente, un recordatorio silencioso del sacrificio que había hecho.
—El juego ha concluido, pero e