El humo negro del sótano se desvanecía gradualmente, y las cartas negras en las manos de Malachar mostraban ahora imágenes de luz, alas blancas y almas en paz. Kael sentía su alma vibrar con esperanza, aunque el vacío de la pieza perdida seguía latiendo en su pecho, un testimonio del precio de su búsqueda. Lyra estaba más cerca que nunca, y su presencia lo impulsaba a enfrentar el último círculo de este juego infernal.
—La decimocuarta mano nos llevará al noveno y último círculo —anunció Malach