La noche de la fiesta llegó demasiado rápido. Pasé todo el día preparándome: gestioné el billete de avión a San Francisco en secreto, usando el ordenador del estudio cuando nadie estaba; metí la muñeca de trapo de la hermana Mónica y las fotos del orfanato en una maleta pequeña que guardé en el armario del dormitorio; y me aseguré de llevar el informe de las gotas en la cartera —un testimonio de la traición que podría necesitar si algo saliera mal. Cuando el sol empezó a ponerse, me vestí con e