Desperté con el cuerpo dolido de la entrega y con el corazón vacío —el bebé no está a mi lado. Estoy en la sala de recuperación, y Adrián está sentado en la silla al lado de la cama, dormido con la cabeza apoyada en la mesa. Lo miro y pienso: Él también está cansado, también sufre.
Me muevo con cuidado para no despertarlo y miro por la ventana: el sol está saliendo, y el cielo es de color rosa. Recuerdo cuando el bebé se movió por primera vez, cuando nos casamos en el jardín, cuando Papá me per