El sol se alzaba sobre Ciudad del Este pintando el cielo de tonos naranjas y rosas cuando el General Castillo llegó a buscar a Sofía. Había dormido mal, con pesadillas que la arrastraban de nuevo a aquel almacén abandonado, a los ojos crueles de sus captores, a la mirada de traición en los ojos de Lucas. Cuando oyó el timbre de la puerta, se apresuró a vestirse y a reunir todos los documentos que necesitarían para la reunión.
—Estoy listo —dijo al abrir la puerta, encontrándose con el rostro se