El vehículo del ejército avanzaba por las calles de Ciudad del Este bajo la creciente oscuridad de la tarde, mientras las luces de la ciudad iban encendiéndose una a una como pequeños faroles en la noche. Sofía se sentaba en el asiento trasero, acurrucada bajo la chaqueta del General Castillo, mirando por la ventana mientras los edificios pasaban rápidamente frente a sus ojos. La adrenalina que la había mantenido en tensión durante horas comenzaba a desaparecer, dejándola agotada emocional y fí