El aplauso de los invitados aún resonaba en el salón cuando Mateo me besó la frente, sus ojos brillando con una felicidad que creí que nunca volvería a ver en mi vida. “Nunca imaginé que este día llegaría así”, dijo en voz baja, estrechándome la mano mientras los músicos empezaban a tocar una melodía festiva. “Pero ahora que está aquí, no cambiaría nada del mundo”.
Yo sonreía, mirando a mi alrededor: Carla bailaba con Andrés en el centro del salón, mis padres hablaban con los invitados con una