Elena Vance despertó con la sensación de que tenía metal fundido corriendo por sus venas. El techo de su pequeño y húmedo apartamento en el sector sur de la ciudad parecía dar vueltas sobre ella. Intentó levantarse, pero un pinchazo eléctrico en su hombro derecho la hizo caer de nuevo sobre el colchón desinflado.
Se llevó la mano a la herida, que estaba oculta bajo su camiseta desgarrada. La piel alrededor de las marcas de los colmillos no estaba roja; estaba de un color plateado brillante, con