Seis meses pasaron volando, y llegó el día de la inauguración del Centro Ana. El edificio estaba terminado — era un lugar hermoso, con paredes de color azul cielo, ventanas grandes que dejaban entrar el sol y un jardín lleno de flores y juegos para niños. Elara había diseñado el interior con salas de juego coloridas, una biblioteca con libros para todos los edades y una sala de arte con materiales para pintar y dibujar.
“Está perfecto”, dijo Lina, mirando el centro mientras ayudaba a Ana a pone