Un año después de la inauguración del Centro Ana, nuestra pequeña ya tenía un año y nueve meses. Caminaba con soltura, hablaba muchas palabras y era la niña más curiosa del mundo. Ese día era su primer día en la guardería — una guardería dentro del Centro Ana, que habíamos abierto para los niños de la comunidad.
“¿Lista para conocer tus nuevos amigos, Ana?” preguntó Elara, peinando los cabellos castaños de la niña. Ana llevaba un vestido de lunares amarillos y el collar de estrella de Sophia.
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