Dos meses después del cumpleaños de Luna, Aethelgard había crecido hasta llegar a trescientos lobos. Nuevos puentes habían aparecido hacia desiertos y bosques más lejanos, y todos vivían en paz. Pero un día, los gammas escucharon un silencio extraño — el silencio de un cristal que no brillaba.
Estaba en el rincón más viejo de Zerofrost, el lugar donde la torre de cristal se había roto por primera vez. Era un fragmento de cristal azulado, el único que no se había reunido con los demás. Estaba os