El sol brillaba con más fuerza que nunca en Aethelgard — era el día del cumpleaños de Luna, y ya era una loba joven, con ojos que cambiaban de color con cada emoción y un pelaje gris claro que brillaba con los cristales dorados que le habíamos dado. Todos lo habían preparado en secreto: los betas habían adornado los campos con flores silvestres de todos los colores, los alfas habían cazado la comida más rica, los omegas habían preparado visiones de sus sueños futuros, y los gammas habían escuch