CAPÍTULO 1: EL LLEGADA DE LA AURORA
La primera memoria que tengo de Noé Márquez es de la guardería, cuando tenía tres años y él cuatro: se tiró un plato entero de puré de calabaza en la cabeza y luego se rió tanto que se le salió la saliva por la comisura de los labios. Mis padres se reían con los suyos, diciendo que "eran dos almas gemelas de lo más torpes" —y desde entonces, nunca nos hemos separado. Casi dos décadas después, cuando ya formábamos parte del equipo de la colaboración entre nues