Mangano cierra los ojos y de repente escucha un disparo. Pensó que le habían disparado, pero al no sentir ningún dolor en su cuerpo, abre los ojos temerosa y ahí viene Leonardo hacia ella. —¿¡Estás bien!?— la toma del rostro con su mano libre.
—Sí, sí— responde apresurada. Cuando siente que él la empuja hacia la izquierda y varios disparos se escuchan, por lo que cubre sus oídos y siente cuando él la agarra del brazo.
—¿Dónde están los niños?— pregunta Di Napoli con gran preocupación.
—¡Atrás