capítulo: La sangre roja no se mezcla con la azul.
Ambas mujeres observan en silencio cómo Leonardo Di Napoli se marcha. Y al quedar totalmente solas, Sofía toma de la mano a la señora Minerva y la ingresa a la habitación.
—¿Qué hacía Leonardo en tu habitación?
—Señora Minerva, eso no es tan importante ahora. Casi hablas, casi dices la verdad. Por poco me da un infarto. Además, quiero recalcar que él fue quien me buscó y se me metió al baño.
—¡Estuviste con mi hijo! —Minerva está perpleja.
—Yo... es difícil, señora Minerva. No me regañe.