Es una ofensa para Sofía. Ha sido humillada en la vida, pero esto fue demasiado. Intenta mantener la calma para no decirle a ese viejo hasta de qué se va a morir. Sabe que debe hacer oídos sordos y también ciega para lo que sus ojos contemplan, como Francesca toca a Leonardo, le propina besos en la mejilla. Total, es un caos en su interior que quiere gritar para desahogarse.
—Mi orden ha quedado claro, ¿o debo tomar medidas extremas? —Su pregunta provoca un silencio sepulcral. Sofía para ocult