Sofía Mangano no sabe qué decir ante un Leonardo que la mira con enojo, como si fuera a hacerla desaparecer de la faz de la tierra. —¡Te hice una pregunta!— Su fuerte tono de voz la hace retroceder y bajar la mirada. —¡Pensé que te había quedado claro las cosas conmigo! ¡No me gusta que me oculten algo!— espetó.
—¡No me grites!— Sofía lo mira con nerviosismo. —Estoy bajo amenaza y si algo sale mal, es la vida de mi mejor amiga la que estará en riesgo. ¡Tú no sabes lo que es perder lo único que