—¡Señor!— exclamó Sofía, y él continúa caminando. —Espere, por favor… Quiero decirle algo, mírame— le pide, y él con arrogancia lo hace porque no le gustan las distracciones cuando de trabajo se trata.
—Niñera, no me agotes la paciencia y tampoco quiero que me hables de lo que sucedió en el sótano— dijo volteando a mirarla, y ella pasa saliva mirando detrás de él.
—¿Qué tanto miras?— iba a voltear a mirar, pero ella lo agarra del rostro. —¿Qué estás haciendo?— la mira con rareza.
—Es que…