Todos se dirigen al despacho, y Sofía, antes de seguirles el paso a los demás, Minerva la agarra del brazo. —Querida, Dios te guarde.
—Estaré bien, todo va a estar bien —dijo, y Minerva la suelta, dejándola ir.
—Abuelita, tengo mucho miedo —dice Chiara, haciendo pucheros.
—Mi niña, el abuelito es algo amargado, pero no pasa nada. Vayan a la habitación de juegos, Cedric, llévalos, por favor —pide, y Cedric obedece.
Lucifero mira con pesar a la señora Minerva, quien se queda sumergida en s