—Un permiso —Sofía se da la vuelta para irse, y tanto Lucifer como Minerva no fueron capaces de hablar. Quedaron helados—. ¡Joder, qué día tan loco! —suelta un largo suspiro—. Espero que no sea lo que estoy pensando —susurra, y por estar distraída, su cabeza se estampa contra un fornido y desnudo pecho—. ¡Auch...! —cierra los ojos por segundos.
—Sigues siendo una torpe —le dice Leonardo, y ella lo mira rápidamente—. Volviste a chocar conmigo en la misma posición —Sofía se coloca a pensar y lo