Lucifero sale rápidamente del baño, está angustiado, y sabe que están a punto de ser rescatados. —¡La puerta!— exclama, y el doctor lo mira con perplejidad. —¡Debemos atrancar la puerta!— dice, y justamente el escolta de Valentino está de regreso, pero Lucifero se pone como tranca para no dejarlo abrir.
—¡Abran la maldita puerta!— el escolta empieza a golpear.
—¡Joder!— Lucifero está haciendo mucha fuerza y eso lo hace sangrar demasiado.
—¡Esto puede ayudar!— el doctor ayuda a correr un ob