Capítulo 9: Lo que vi por la rendija.
Día 23 – 00:18
Ela seguía sentada en el suelo del pasillo, la espalda contra la pared fría, los labios hinchados todavía temblando por la sonrisa idiota que no se le borraba. La primera vez que él la había tocado sin daño y esto le había emocionado.
La primera vez que había sentido que, tal vez, debajo de todo ese hielo había algo más, por un momento se imaginó incluso caminando hacia una especie de altar del jardín de la base, viendo que, el que la espera era el mismísimo Klaus con un porte elegante extendiendo la mano hacia ella.
Nada costaba soñar, imaginar aquel escenario, la hacia sonreí, le hacía latir el corazón como ningún otro, sentía la verdadera sensación de mariposas en el estómago. Se levantó despacio, las piernas flojas, y decidió caminar para enfriar la cabeza, quizá dar un paseo por los pasillos de la base no sea mala idea, quizá no, ¿verdad?
No podía dormir, no después de eso. Pasó por el almacén de intendencia. La puerta estaba entreabierta. Una luz tenue se