Mundo ficciónIniciar sesiónDía 50.
Ela despertó con un peso en el pecho que no explicaba el entrenamiento del día anterior. El barracón estaba en penumbra, la sirena aún no había sonado, pero el aire se sentía más pesado, como si la base entera hubiera respirado hondo y aguantara. Se sentó en la litera, el colchón crujiendo bajo su cuerpo más ligero, y se pasó la mano por el cuello. La medalla de lobo seguía ahí, fría contra la piel caliente del sueño. No se la quitaba. No podía. Era el ú






