Dicen que bajo la luna roja los pactos de sangre se sellan con el alma. Yo no creo en cuentos… o no creía, hasta esta noche.
El bosque se abría frente a nosotros como un suspiro antiguo, envuelto en neblina plateada y hojas que crujían como secretos olvidados. Caminaba descalza, con la capa ligera ondeando detrás de mí, mientras Kian no soltaba mi mano. Su piel ardía con ese calor suave que ya se había vuelto mío, aunque no lo dijera en voz alta. Aunque ninguno de los dos lo dijera.
—¿A dónde v