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Desperté con una sensación extraña, como si me hubiera sumergido en un mar profundo y ahora, lentamente, comenzara a salir a la superficie. La luz se colaba entre las ramas del bosque, filtrándose a través de las hojas, y mi pecho se expandía con cada respiración, clara y firme. Sentí el calor de un cuerpo a mi lado y giré la cabeza lentamente.

Kian estaba despierto. Sus ojos, que hasta hace poco reflejaban una tormenta de oscuridad y dolor, ahora brillaban con la intensidad que siempre le habí
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