La luna roja se aproximaba, y con ella, una energía antigua que hacía vibrar la tierra, el aire y cada ser que habitaba nuestro mundo. Era una noche en la que los portales entre el plano terrenal y el espiritual se abrían, permitiendo que fuerzas y lazos se reforzaran o se rompieran para siempre. En la historia de nuestra manada, la Luna de Sangre era la noche de las decisiones irrevocables, y este año, su significado recaía sobre mis hombros.
Kian estaba más distante que nunca, consumido por e