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No había noche desde la proclamación en la que pudiera dormir sin sobresaltos. Desde que Giovanni pronunció aquellas palabras —“Eres la Heredera de la Luna”—, algo en mí cambió. No era solo una sensación… era una fuerza. Algo vivo.

La primera visión llegó dos noches después. No fue un sueño cualquiera. Sentí que me arrancaban del presente, que me arrancaban de mi cuerpo.

Me vi en un claro bañado por una luz plateada imposible. Frente a mí, una mujer de cabellos como la nieve, piel dorada y ojos
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