La noche no era más que un manto negro que cubría la manada y sus secretos. Pero para mí, cada sombra escondía un enemigo. Cada susurro se volvía un eco de advertencia.
Habíamos creído estar a salvo.
Habíamos creído que solo afuera acechaban amenazas.
Pero la verdad era aún más amarga.
La serpiente estaba dentro.
Desde que Lina había hecho su juramento de sangre, la manada vibraba con una nueva energía. Yo sentía el cambio. La loba que yo protegía ya no era una niña indefensa. Era fuego. Era un