El sol apenas comenzaba a asomar sobre las montañas cuando me detuve al borde del claro. Desde la sombra de los árboles, la observé.
Lina.
Sus movimientos eran aún torpes, descoordinados a ratos, pero había algo feroz en su determinación. Cada vez que se caía, volvía a levantarse. Cada vez que erraba un golpe, lo repetía hasta que lo hacía bien. A su alrededor, el aire temblaba con una energía que no sabía controlar. Y eso… eso me ponía en alerta.
Pero no me acerqué.
No esta vez.
Asha la guiaba