Cuando todo se calmó, cuando los cuerpos aún jadeantes comenzaron a buscar aire y sosiego, él apoyó la frente en la de ella. Sentían las respiraciones sincronizadas, los corazones desacelerando al mismo compás. Thor acarició su cabello con delicadeza.
— Me encanta tu cabello —dijo, con la respiración todavía entrecortada—. Prométeme que nunca lo vas a cambiar.
Ella sonrió, aún con los ojos cerrados, y susurró:
— Lo prometo.
Thor se acomodó un poco, la mantuvo entre sus brazos y, para su sorpres