Sentada en la hamaca, se acomodó el cabello con los dedos, intentando recomponerse. Recordó el vaso de agua y lo tomó del suelo, junto a la hamaca. Caminó lentamente hacia la cocina.
Dejó el vaso en el fregadero con cuidado y entonces notó una frutera de madera sobre la encimera, llena de frutas frescas. Tomó un plátano y lo comió. Estaba tan maduro y dulce que, al terminarlo, cogió otro sin pensarlo. Solo en ese momento se dio cuenta de cuánto hambre tenía. La falta de apetito de los últimos d