Tras las presentaciones, la señora preguntó:
— ¿Quieren algo para la merienda? ¿Para la cena?
— Hoy no, doña Lucía. Mañana nos prepara algo bien rico. Hoy es solo para descansar, ¿está bien?
Ella sonrió, asintió y se fue con su marido.
Thor entró en la casa, Celina justo detrás. Subió las escaleras, avanzó por el pasillo y, sin siquiera mirarla, dijo:
— Voy a mostrarte el cuarto donde vas a dormir.
Celina se detuvo por un instante. El peso de esa frase cayó sobre sus hombros como una piedra. No