Con un tono melódico, Isabela añadió:
—¡Prácticamente todo listo! Las invitaciones ya están encargadas, el vestido ajustado, la ceremonia “programada”… Voy a ser la novia más feliz del mundo. Y ahora, embarazada… es como si el destino me sonriera.
Celina se encogió levemente en la silla. Por fuera mantenía la compostura, pero por dentro sentía que sus huesos crujían de dolor. La humillación se filtraba por las grietas de su alma. Intentaba respirar con normalidad, pero el aire no alcanzaba. Que