Thor quedó inmóvil por un instante. Su mirada, hipnotizada, veía en ella todo al mismo tiempo: belleza, entrega y desafío.
—Maldición… —murmuró, ronco, casi sin darse cuenta de que lo decía.
Se levantó de golpe; la silla giró detrás de él. En dos pasos ya estaba frente a ella, tomándola por la cintura y atrayéndola contra su cuerpo. Su mano firme en la nuca no le dejaba espacio para escapar, y el beso que siguió fue hambriento, intenso, cargado de deseo contenido y de una nostalgia acumulada qu