Habían pasado dos meses desde aquella mañana en que Zoe se bloqueó, incapaz de entregarse a Arthur. En ese instante, él comprendió que el amor, por sí solo, no bastaba: era necesario enfrentar los traumas que se habían acumulado entre ellos, con ayuda profesional. Fue entonces cuando propuso hacer terapia de pareja. Zoe dudó al principio, pero cedió. Desde entonces, cada semana se sentaban frente a la terapeuta, desnudando sus dolores, sus resentimientos y sus miedos.
Cada sesión era como abrir