La noche avanzaba sobre São Paulo, y la lluvia que caía desde la tarde se había vuelto una tormenta furiosa, arrancando árboles, inundando calles, haciendo que la ciudad entera pareciera rendirse ante el temporal. Dentro del ático de Arthur, sin embargo, otra tormenta se gestaba: silenciosa, emocional, íntima.
Zoe observaba el agua resbalar por los cristales de la habitación de huéspedes. El viento golpeaba con fuerza, haciendo temblar las ventanas. Estaba sola. Y arrepentida.
¿Cómo había podid