El sonido del motor del coche se oía suave mientras Gabriel conducía por la carretera iluminada, regresando de la elegante boda de Zoe y Arthur. Las luces de São Paulo se iban perdiendo en el retrovisor, y la noche parecía envolverlos en un manto sereno de calma después de tantas emociones.
Ava, sentada a su lado, sostenía con delicadeza el ramo que había atrapado con tanta sorpresa. Las flores seguían intactas, vibrantes, casi como un símbolo del caos que ahora habitaba en silencio en su mente