Dentro de la habitación, Celina se recostó en la cama, abrazando la almohada como si pudiera esconderse de la realidad. Las lágrimas corrían sin control cuando escuchó la voz de Thor al otro lado de la puerta, suplicando entrar.
—Amor… por favor, abre la puerta —dijo él, con la voz firme y serena, pero con un leve temblor de urgencia—. Soy yo, Thor. Solo quiero estar contigo. No tienes que decir nada… déjame quedarme ahí contigo.
Del otro lado, solo respondió el silencio. Pero él sabía que ella