A la noche siguiente, Zoe y Arthur fueron al ático de Thor. Los amigos charlaban de forma distendida.
Zoe sonrió, los ojos brillándole de emoción.
—¡Entonces, poderoso jefecito y poderosa futura mamá, tenemos un pedido que hacerles! —anunció llena de energía—. ¡Y no es cualquier pedido, es uno que queremos mucho compartir con ustedes!
Zoe tomó el celular y miró a Arthur con una sonrisa cómplice.
—Espera… deja que llame a todos primero —dijo entusiasmada mientras comenzaba una videollamada grupa